La cuarta versión de la Copa de la Fe quedó en manos de la diócesis de Garzón.

Además del triunfo deportivo, Garzón junto a las 27 jurisdicciones que participaron, demostraron que el fútbol es una excelente excusa para promover el perdón, la reconciliación y la paz entre los colombianos.

La jornada comenzó con fiesta y terminó con fiesta. A primera hora Guadalajara y Villavicencio disputaron el tercer puesto quedando en manos de los mexicanos con un concluyente 5-1. El cielito lindo acompañó las acciones del cotejo. Al final los del norte agradecieron a los organizadores y al público la invitación de participar de este torneo. Villavicencio quedó nuevamente en deuda y tendrá que esperar un nuevo año para tratar de alcanzar la copa.

Luego la esperada final se llenó de San Juanero y Salsa Choque. Garzón y Guapi jugaron un partido muy disputado. Garzón dio el primer golpe, luego Guapi empató, pero la alegría les duró poco porque Garzón arremetió con dos goles que a la postre le dio el campeonato.

Tras el pitazo final la fiesta en los huilenses fue total. A diferencia de lo que sucede en otros torneos, jugadores de ambos equipos se fundieron en abrazos y felicitaciones. Un gesto que está a la altura de un padre y pastor lo protagonizó monseñor Elkin Fernando Álvarez, secretario general del episcopado, quien se acercó a los jugadores de Guapi y con palabras de aliento y una oración animó a los jugadores que esta vez se quedaron sin dar la vuelta olímpica.

“Deseamos que la Copa de la Fe deje una semilla de paz, alegría y evangelio porque el deporte anima, da ganas de avanzar. Esos valores necesitamos para hacer un nuevo país con un buen deporte con reconciliación, dinamismo y fraternidad.”, afirmó  monseñor Álvarez Botero.

El padre Miguel Ángel Ureago, formador del seminario Conciliar de la diócesis de Garzón, aseguró que este triunfo se debe al entrenamiento juicioso y permanente que tuvieron. El sacerdote también destacó que el torneo permitió evidenciar un mensaje de paz, reconciliación y fraternidad. “La paz es posible cuando cada uno de nosotros ponemos de nuestra parte y sabemos que la paz verdadera viene del encuentro con Dios”, afirmó.

Para el padre Diego Armando Ramírez, párroco de San Augustín Vereda Alto del Obispo y capellán del SENA en el Huila, resaltó la victoria por dos aspectos: la disciplina de su equipo y el esfuerzo al derrotar  a “un gran rival” como fue Guapi. También subrayó que la Copa de la Fe es un torneo que se destaca por transmitir el valor de la paz. “Se logró a lo largo de los partidos como los sacerdotes  salíamos con un abrazo y fraternidad y demostramos que la paz es posible dentro y fuera de las canchas”.

También hay que destacar que la Copa de la Fe lució con más brillo porque además de la actividad deportiva estuvo acompañada de signos evidentes de reconciliación. Todos los participantes destacaron las confesiones que se realizarón tanto en Gran Estación como en las cuatro cárceles de Bogotá.

Por último, monseñor Elkin Fernando Álvarez Botero  aseguró que cada uno de los sacerdotes se convierte en un misionero de la paz a través del deporte.

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