Este viernes concluyó en Bogotá la Copa de la Fe, que congregó a sacerdotes de 24 diócesis del país.

A Julio César Ramírez siempre le gustó jugar fútbol; de hecho, en su juventud era quien organizaba los partidos con sus compañeros. Vestido con su uniforme amarillo, este chocoano recuerda a tantos jugadores de este departamento que han pasado por la Selección Colombia y otros equipos extranjeros.

Aunque le gusta defender, su juego se aleja del estilo de su coterráneo, el volante de primera línea Carlos Sánchez, conocido por salvar a Colombia de los pelotazos de sus adversarios. Julio César se tropieza, corre lento y el balón le pasa entre las piernas. Aún así es el capitán de su equipo.

Pero también es sacerdote. La Diócesis de Istmina Tadó (Chocó), a la que pertenece, participó en un torneo donde todos tienen el mismo apodo: padre. La Copa de la Fe, que hasta este viernes se celebró en las instalaciones de Compensar, en Bogotá, es un torneo de fútbol exclusivo para sacerdotes que busca “brindar a los presbíteros un espacio de esparcimiento, fortalecer la vida fraterna y competir con respeto y juego limpio”.

 

 

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